jueves, 3 de noviembre de 2011

VIAJERA


Hice la maleta temprano, sin hacer ruido, colocando cada prenda, cada libro y cada recuerdo bajo un caótico orden en función de las punzadas de dolor que causan.
De menos a más.

Sobrecogida por la rápida forma de cerrarse, la levanté, y sin necesidad de empujar, se movía sola.

Y percibí sorprendida que, aquella maleta que concentraba media vida, no pesaba nada.