domingo 10 de abril de 2011

CAMBIANDO QUE ES GERUNDIO

Todos los acontecimientos de esta última semana en la cúpula socialista andaluza está siendo un centro de diana para muchas personas. Impacientes que desean agarrar los mandos de la organización, contrarios que anhelan cualquier error o escándalo para obtener beneficios electorales y ajenos/as a toda "movida" que perciben todo esto como un discurrir natural.

Personalmente, me sorprenden muchas cosas. El momento elegido (a pesar de tener consecuencias nefastas para las próximas elecciones locales), la transparencia de opiniones y dardos envenenados públicos (siempre se ha apostado por concentrar las disparidades en órganos internos y contextos elitistas) y la rapidez en los cambios de gestión pública (sin preveer su impacto).

Soy defensora a ultranza de la transparencia y la renovación, especialmente cuando las cosas no van bien. Una vez más, echo en falta la realización de diagnósticos serios y objetivos de la situación actual. Echo en falta la creación de espacios donde la militancia, como motor principal y alimento de la organización) pueda mostrar opinión. Es como si esto no fuera con nosotros/as, cuando seremos las personas que, a pie de calle, como conocedoras de la realidad y captadoras de opiniones de la ciudadanía, tedremos que justificar y defender lo ocurrido con falta de información.

Quiero pensar que estos movimientos son exponentes de una estrategia beneficiosa a medio y largo plazo, una punta de lanza de renovación del ideario socialista y afín a lo que muchos y muchas anhelamos y deseamos como transformación de un partido político que cada vez más, ha de adaptarse a las necesidades ciudadanas. Tomar la bandera de un socialismo renovado es un gesto valiente, y necesario a la vez. Espero que se regenere tanto el fondo como la forma, porque sin duda, será lo mejor.