
Hice la maleta temprano, sin hacer ruido, colocando cada prenda, cada libro y cada recuerdo bajo un caótico orden en función de las punzadas de dolor que causan.
De menos a más.
Sobrecogida por la rápida forma de cerrarse, la levanté, y sin necesidad de empujar, se movía sola.
Y percibí sorprendida que, aquella maleta que concentraba media vida, no pesaba nada.
Y percibí sorprendida que, aquella maleta que concentraba media vida, no pesaba nada.
3 comentarios:
Viajera, si te pesa algún día la maleta, yo puedo llevártela.
No sé si el comentario de "anónimo" es sincero o irónico, pero, en mi caso, las mudanzas (de todo tipo, pero las físicas también y no metafóricamente) han sido un enorme arrastrar de objetos-sentimientos de los que no te sabes-quieres-puedes desprender en ese momento.
Tiempo después, poco a poco, vas descubriendo que la mayoría de esas cosas no son mas que eso, un lastre que arrastré sin que en realidad la mayoria de ellas valiera el esfuerzo hecho...
Enric
No sé si el comentario de "anónimo" es sincero o irónico, pero, en mi caso, las mudanzas (de todo tipo, pero las físicas también y no metafóricamente) han sido un enorme arrastrar de objetos-sentimientos de los que no te sabes-quieres-puedes desprender en ese momento.
Tiempo después, poco a poco, vas descubriendo que la mayoría de esas cosas no son mas que eso, un lastre que arrastré sin que en realidad la mayoria de ellas valiera el esfuerzo hecho...
Enric
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