lunes 26 de octubre de 2009

UN AÑO MAS ROJA, MÁS ATEA Y MÁS REPUBLICANA


Cumplir años viene bien o mal dependiendo del momento de la vida en que nos encontremos. Me siento afortunada por disfrutarlo y con una valoración positiva, poder decir que no me importa crecer (en años).


Independientemente de la parte cultural de la cuestión, los cumpleaños se suceden con reflexiones acerca de lo vivido, de las arruguitas que rodean los ojos, de la tripita y de si estamos en el lugar que nos merecemos, profesionalmente hablando. El camino nos lo construimos cada persona, aprovechando los trenes de la vida, y parándonos y buscándonos atajos o largos y arduos recorridos en busca del objetivo.


Mi objetivo, ser feliz, lo tengo claro, y respirar las oportunidades que me ofrecen, compartiéndolo con las personas a las que quiero. Disfrutar de las vivencias diarias, apostar por lo que creo, cuidar mi salud y especialmente, empaparme de todo lo que la vida me regala, me convierte en una persona con suerte; especialmente esa suerte la transfiero por las personas que me rodean, que tanto me enseñan, aportan y soportan.


Con los años evaluamos el mundo que nos rodea de manera, se entiende, más enriquecedora, debido al aprendizaje y a las experiencias. En mi caso, me topo con la máxima de que con los años se vuelve una más conservadora. Pues me siento excepción (cumpliendo o no con las reglas). Cada año me siento más crítica, más reivindicativa, más atea, más roja y más republicana. Quizá ésto sea como la campana de Gauss, pero mientras tanto, seguiré en mis caminos de lucha ya abiertos, a la espera de poner un minúsculo granito de arena.


Lo mejor: poder crecer y cumplir años con las personas que me rodean a las que agradezco (y agradeceré) tanto afecto, tanto cariño, tanta maestría y tanta pasión.






viernes 9 de octubre de 2009

MENSTRUACION ECOLÓGICA


Hacía tiempo que no escribía sobre aspectos relacionados con la sexualidad femenina, y a partir de una estupenda cena (con sus correspondientes y agradables efectos colaterales), me vino el ánimo para escribir sobre algo que normalmente no se menciona en estos foros: la menstruación.

A lo largo de la vida de este mundo, la menstruación ha sido víctima de ataques, crítica, burlas y todo tipo de diabluras, atribuyendo a las personas que la poseen, las mujeres, una especie de maldición. A pesar de la generosa arrogancia hacia las mujeres que menstruamos a lo largo de la historia, el patriarcado y el machismo llega más allá, insultando y menospreciando a nivel de capacidades vitales básicas a las mujeres que viven sin esta función biológica, temporal y reproductiva.

Incluso en textos bíblicos, documento sexista donde los haya, se potencia la marginación de las mujeres menstruantes como si de un demonio interior se tratara, influyendo de una forma tremenda en una serie de mitos y ocurrencias acientíficas que aún nos rodea hoy en día. Todavía seguimos escuchando de abuelas, madres, amigas, tías, etc.: si estás con el periodo no te laves la cabeza, no hagas mayonesa que se corta, no toques las plantas que se pudren, no vayas a una matanza campera…un sinfín de absurdas prescripciones que sólo hacen recordarnos los inconvenientes y la “mala suerte” que hemos tenido por nacer mujeres y cargar con ese peso. Tan influyentes son estos mitos, que incluso en un taller que impartí hace unos años, una chica adolescente me afirmaba, con gran convicción, que si intentabas descargar una película por el Emule, si estabas con la regla, no se bajaba en su totalidad. Los mitos de la menstruación adaptados a las Nuevas Tecnologías. Me quedé perpleja.

El trabajo en la Educación Afectivo – Sexual en materia de promoción de una buena salud sexual, parte por la desmitificación de este proceso natural, que no se trata de sangre de desecho, ni una maldición.

Y pasando a la higiene femenina, y relacionándolo con el inicio de este post, tuve la enorme satisfacción de compartir conocimientos y opiniones con otras mujeres, muy empoderadas y con gran sentido del humor, con respecto al excesivo precio de las compresas y tampones existentes en el mercado. Aún no se considera un producto de higiene básica (de gran lujo, que encima nos aumentan el gravamen), y las empresas fabricantes de este tipo de productos, desde luego dieron con el centro de la diana. Productos que absorben más de lo que deben, que impiden la transpiración natural de los genitales femeninos, que molestan, que contienen productos químicos nada saludables, y que adornan con preciosos envoltorios de colores y con anuncios de chicas que se saben mover bien, especialmente con las caderas (¿Hacia quién van dirigidos esos anuncios?)

Pensad en que estos anuncios tan rentables, y la poca diversidad de marcas es un gran éxito empresarial. Existen estudios que afirman que las mujeres gastamos algo menos de 20.000 compresas a lo largo de nuestra vida, sin contar con los tampones y protegeslips. Un gran negocio.

Sin embargo, y ahora estamos en la época de la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente, a través del uso de compresas, mantenemos el daño a nuestro planeta. En el proceso de fabricación de las compresas se utilizan numerosos productos químicos nocivos para el medio humano y ambiental, e incluso añaden pesticidas a los cultivo de algodón.

Una buena alternativa, ecológica y muy barata, es la adquisición de la copa menstrual (existen numerosas marcas en el mercado), y su precio ronda entre los 25 y 35 euros. Dura varios años, es hipoalergénica y al no absorber, es bastante más respetuosa que una compresa con nuestra flora vaginal. No produce alergias y no se nota, bien colocada. Además, su uso favorece el conocimiento de nuestro cuerpo.

Como anécdota final, en el contexto que anteriormente me refería, era tal la naturalidad de la conversación, que a una de mis acompañantes le regalaron una copa menstrual por su cumpleaños, y estaba tan encantada que dijo: “¡Estoy deseando que me baje la regla para probarla!”

martes 6 de octubre de 2009

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Desde hace algún tiempo voy conociendo los entresijos de la prostitución, de una forma que no viene al caso revelar. Pero desde luego, es fundamental el enfoque que las diversas administraciones públicas le den a esta problemática, y a esta realidad.

Echo de menos campañas de los poderes públicos mucho más convincentes hacia la visibilización de la problemática de tantas mujeres que optaron en su día por este medio de vida, medio que mediatiza la corrupción, arremete contra las víctimas reales y protege a los proxenetas.



Es un tema espinoso en el que nadie quiere colocar todas las cartas sobre la mesa. Desde luego, con decretos municipales sobre convivencia no se va a resolver el problema. Piensen en Barcelona o la última ordenanza del Ayuntamiento de Granada, más preocupados por la imagen de la ciudad, que por una dotación de derechos básicos hacia las mujeres que realmente lo requieren.



Destacar el perfil de prostituta (o prostituida) es valioso, pero a la vez engañoso. Hay tantos tipos de perfiles, tantas necesidades y motivaciones entre estas mujeres, que será de alta dificultad regularizar, decretar o legalizar su situación. Sería un grave error tratarlas como colectivo de forma general. Todo avance en este sentido se está viviendo para las mujeres prostituidas como ataques, y que favorecen su discriminación, alimentando la hipocresía de esta sociedad.



No soy legisladora, sin embargo creo que las políticas acusatorias que se dirigen al tema están muy mal enfocadas. Si no existiera demanda, no habría oferta. ¿Qué sociedad democrática, tolerante y justa soporta que existan mujeres que trabajen sin horario, sin apenas ropa, sin cobertura sanitaria ni de otro tipo, a riesgo de violaciones, robos, transmisión de enfermedades, violencia de género, etc., por 20 euros el contacto sexual?



¿En qué sociedad nos estamos convirtiendo cuando las mujeres inmigrantes que llegan a nuestro país, a nuestras ciudades, no hallan un trabajo remunerado en condiciones, sino que se les favorece la entrada y guardia en clubs clandestinos y bajo amenazas a sus familiares de los países de origen, además de numerosas cuantías a devolver a las mafias a través de la venta de su sexo?



¿Qué sociedad es la nuestra que se valora más y tiene mayor tiempo de presencia en la telebasura chicas que venden su cuerpo y sus líos de cama con famosos para subir el caché en sus respectivos negocios?



¿Dónde quedan los que controlan el asunto, toman decisiones, tejen la maquinaria de ese poder absolutista sobre las mujeres?



Poner las cartas sobre la mesa requiere valentía, pero bajo una apuesta clara por la defensa de los derechos de estas mujeres, que han de ser ciudadanas de primera, y no tratadas como escoria de nuestra sociedad.



Legalizar, o mejor dicho, regularizar la situación, permitiría una cobertura legal, propia de un estado de derecho, que defendiera los intereses de las personas que sufren discriminación de cualquier tipo, permitiendo la toma de decisión de las mujeres, y por qué no atreverse a decirlo, igual, para este país, sería una solución a la crisis económica.