jueves 24 de septiembre de 2009

RECETAS PARA LA IGUALDAD

El patriarcado, esa macroestructura invisible, normalizada y que introduce sus raíces en todos los estamentos de nuestras vidas, es un elefante gigante que ha arrasado durante nuestra historia con el surgimiento hipotéticamente natural de nociones de igualdad.
La igualdad se ha tenido que imponer, a través de instrumentos y políticas, ya que el peso cultural impide su florecimiento natural.
Esas diferencias en base al sexo, en base al género, a modo de reflexión, y alejándome de las peripecias anecdóticas de John Gray (“Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”), influyen de forma tan contundente, que el hecho de percatarnos ya es un gran esfuerzo. La vida nos rodea de problemas, complicaciones y quehaceres que concentran toda nuestra atención, y encima ahora, hay que tener en cuenta esas desigualdades para poder erradicarlas. Pues sí. Tener una mirada igualitaria en base al género cuesta, duele, sangra; pero también satisface.
En cualquier esfera social, en cualquier estamento, es fácil realizar un análisis con perspectiva de género. Y no se trata de que las mujeres participemos más, impongamos nuestras formas o cosas por el estilo.
Se trata de dibujar desde el respeto y la tolerancia a las diferencias, a las diversidades, y favorecer la construcción de un mundo donde hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades para hacer cualquier cosa, independientemente de su sexo.

En el plano político, el tema de la paridad o representación equilibrada sigue siendo motivo de crítica y debate. Por un lado está la opinión de que las mujeres, valgamos lo que valgamos, tenemos que estar ahí, por justicia, por paridad y punto. Y por otro lado, el discurso adelantado en los tiempos (con respecto al pensamiento global), de la valía de las personas es algo independiente de su sexo.

Mi opinión se sienta entre ambas estructuras. Si no existiera la máxima de la paridad, seguirían existiendo más puestos de poder masculinizados y espacios de organización ocupados por hombres. Sin embargo, y según mi experiencia, esta representación equilibrada sigue siendo un espejismo.

Las mujeres somos monedas de cambio, no consolidamos en los puestos de decisión, porque somos las que más nos trasladamos (de un lado hacia otro, dentro y fuera), alimentan la división, cortan desde la raíz la promoción política, impiden la concentración y/o reuniones únicas de mujeres (y hombres que se creen lo de la igualdad de verdad); y si añadimos el tema generacional, nace la doble discriminación. Por supuesto dejando a un lado cuando se produce una estela molesta al hacer sombra a alguien, que se supone más valioso que una misma. Todas estas situaciones tienen un denominador común. EL que decide. En masculino y a nivel generacional; EL DE SIEMPRE.

Recuerdo en un debate sobre la paridad, en una mesa redonda en la que participé, donde un compañero de partido de la provincia de Cádiz, alardeando de su lucha por la igualdad, comentaba que en los puestos de poder (de forma muy general) cabemos todos y todas. Y ese es el gran error. Puede ser una solución a corto plazo para resolver lo de la paridad el hecho de crear direcciones y puestos de decisión de segundo plato, normalmente relacionado con el tema social (muy adecuado para las mujeres…en fin); pero no se trata de eso. Repartir el poder es integrarnos nosotras mismas, no que nos coloquen en puestos añadidos. De esta forma se perpetúa las tomas de decisiones en círculos masculinos, en horas despectivas y donde se selecciona qué mujer promocionar y cuál no.
Esto, que lo he vivido en mis carnes, me ha provocado siempre un sentimiento importante de repugnancia. Bajo ningún concepto solicito el poder por el poder para las mujeres. Eso, tan característico del patriarcado, es dibujado, leído y organizado bajo miradas masculinas. Y por supuesto, bajo miradas de mujeres que adoptan el formato masculino para su supervivencia.

Las mujeres que trabajamos en defensa de la igualdad deseamos que este disfrute de poderes sea ganado por valía propia, por el potencial en la apuesta por un trabajo justo y al servicio de los demás, independiente de si se es hombre o mujer, más o menos joven. Eso sí, lejos del interés propio, la avaricia y la inoperancia.

Hasta que esta idea no fluya en las cabezas pensantes de forma natural, no tenemos nada que hacer. Y es una pena, porque se está desaprovechando muchísimas valías, muchas aportaciones y formas de trabajar propias del pensamiento feminista, opuesto y radicalmente diferente al propio del patriarcado.

¿Cuál es la opinión de las mujeres en época de crisis, que son las más perjudicadas?
¿Cuál es la opinión de las mujeres sobre la explotación sexual, que son las más perjudicadas?
¿Cuál es la opinión de las mujeres sobre el aborto, que son las más perjudicadas?
¿Cuál es la opinión de las mujeres sobre la política educativa?
¿CUÁL ES LA OPINIÓN DE LAS MUJERES?

lunes 21 de septiembre de 2009

APRENDI LO QUE YO YA SABIA

Son muchas las personas que me preguntan mi opinión sobre la política de mi ciudad, las auguraciones sobre las próximas elecciones locales, y con respecto a los últimos sucesos de los autores y autoras del Blog Cádiz Socialista.

Es evidente que no estoy al margen, pues me mantengo informada a través de los diferentes medios de comunicación, otros blogs, y conversaciones muy fructíferas con compañeros/as de partido y amigos/as ajenos/as a la vida interna de la militancia.

Nunca concluyo antes de tiempo. Hace tiempo que aprendí a saber esperar, a verlas venir y a enlazar factores que aparentan independencia.

Es indiscutible que el PSOE de la ciudad de Cádiz no anda en sus mejores momentos, por mucho que se maquille con la imagen de integración, unión y esfuerzo de toda la militancia. A todo líder le molesta que alguien saque los pies del tiesto, y esta vez, en esta ocasión, ha llegado (por lo visto) a comentarse en uno de los programas más ordinarios (extra-ordinarios) de la telebasura. Ahí me quedé paralizada. Y ahí deduje que la magnitud de la cuestión es mucho más enorme de lo que pensaba. Sin embargo, no me ha sorprendido su aparición en prensa escrita y digital de la derechona deseosa de dar un bocado infecto a la ideología de izquierdas.

La ciudad de Cádiz, aletargada tras la política peperiana, casposa y de muy poca ambición en lo que a desarrollo local y expansión económica se refiere, se encierra cada vez más en si misma. Salimos por la tele en Carnavales, en canales regionales por nuestra gracia infinita y acomodada, en la Caleta en su faceta más callejera, y ahora esto. Las anécdotas del PSOE gaditano en Tele 5.
Aventurarse hoy en día, y en determinadas cuestiones políticas, por mi experiencia vivida, es una pérdida de tiempo. En esta forma de hacer política, impuesta, ligera y sin planificación estratégica, emergen efectos colaterales que no controla nadie. Y ese es el problema, el intento de monopolizar y controlar el vaivén de este arte y de esta “profesión”.

Catalogar lo vivido en política me ha pasado factura, y poco a poco va dando forma madura a mi pensamiento socialista (que aún está en crecimiento). Como en una canción de Ivan Ferreiro, cuando te tildan, cuando te tachan de algo, cuando sientes la traición, aprendes algo que ya sabías. Yo soy de esas personas, que sabes lo que ocurre, pero por huir del constructo de que el “hombre es un lobo para el hombre”, férreamente, lo maquillas de discursos suaves y ajenos a la realidad.

Para aventurarse en el cambio y en la manifestación idealista, se ha de tener los cabos muy atados, porque enfrente (y al lado), hay toda una serie de monstruos que luchan por la hegemonía de lo escrito, de lo planificado. Tanto, que los relevos generacionales se centran en la herencia de lo vivido, sin optar apenas por la promoción de los tabula rasa, la innovación y la representación REAL de una ciudadanía ansiosa del disfrute de derechos básicos.

Creo que se pierde muchísima energía en lo pequeño, en lo micro, en la imagen y en el orgullo político. Eso no da votos, los resta. Y si partimos del hecho que desde el 95 no ganamos las elecciones, mal andamos.

Mi mensaje: mirar hacia el futuro de forma práctica, estudiar la situación desde el respeto, desde la tolerancia, con talante y talento. Pero para eso, hay que tener el coco muy bien amueblado, y actualmente, parece ser que todos compramos en el IKEA.

martes 8 de septiembre de 2009

AL ESTILO GOOGLE, POR QUÉ NO

Es poco usual que utilice este espacio como plataforma de análisis político en minúsculas. Me es más satisfactorio comentar asuntos más generales, aunque siempre, de algún modo, vinculado a la POLITICA, así, en mayúsculas.

Cada vez más, la vida de una sede política se instaura en el modelo empresarial, promocionando los valores propios, vendiendo productos y servicios, y captando potenciales clientes.

Anoche vi un documental sobre la política de recursos humanos de la super empresa multimillonaria de Google, un sueño para cualquier empleado/a. Comedor con comidas temáticas gratuitas, gimnasio con todos los aparatos de última generación, servicio de lavandería, espacios de descanso, etc. Todo un abanico de facilidades y servicios que potencian la implicación y las horas extras que hagan falta. Y desde luego, impactada me quedé, cuando comentaron que el 20% de la jornada laboral del personal técnico e ingeniero podía ir destinada al trabajo que quisieran, sin supervisión. Ésto da a pensar, que las mejores creaciones y el talento se aprovechan, mimando de esta forma a los trabajadores y trabajadoras, y siendo pioneros e innovadores de una forma gratuita para la empresa.


Esta parte que promueve el potencial del capital social de las empresas, estimula el pensamiento y el sentimiento de pertenencia.


Ya que desde los partidos políticos se adoptan características propias del mundo empresarial, también se podria copiar este formato google, donde a cada persona se le respete por lo que piensa, sea más o menos crítico, creando espacios de convivencia, y potenciando el talento, que estoy segura, se desperdicia tanto a nivel laboral como político. Existen tantos protocolos, impedimentos, inaccesibilidades, "familiarismo" y a veces, ceguera, que no se mira más allá de la propia nariz.


En mi ciudad, en mi partido, existe multitud de personas que son referencia en sus asociaciones, barrios y puestos de trabajo, que al carecer de "apadrinaje", dotes oratorias y facilidad de negociación, quedan relegados, y con el paso del tiempo, desmotivados, sintiendo el socialismo en su corazón de forma pasiva.


Lo importante en la política son las personas, y en los partidos políticos, mimar y cuidar a su capital humano debería ser una prioridad. Algunos lo intentan, y es ardua labor. Pero estoy segura que con más sentido común, mayor empatía y sobre todo, voluntad real de prestar ese servicio a la ciudadanía por excelencia, llegaremos algún día a ese ideal de funcionamiento interno. Al estilo Google, por qué no.