He preferido dejar pasar unos dias para no escribir bajo el efecto enturbiador de la apisonadora de ideas lógicas que sufrí el pasado jueves en un debate sobre la reforma de la ley del aborto. De esta forma busco algo más de objetividad. El planteamiento del debate partió de Carlos, organizador de la Tertulia Joven del Ateneo de Cádiz (muy buen moderador, por cierto), y quiso poner sobre la mesa dos posturas extremas al respecto. La de Teresa Gyertich, profesora de inglés y profundamente opuesta a cualquier tipo de práctica abortiva (inlcuidos los tres supuestos vigentes en la legalidad), y la mía, reivindicativa, basada en la propuesta de despenalizar esta práctica indeseable, pero necesaria.
Fueron dos planteamientos opuestos, tanto, como los perfiles del público asistente: aunque existan muchas, se visualizaron las dos Españas.
En un principio, desde que moví los labios para presentarme como feminista, pude percibir caras de desaprobación ¿tanto molestamos?
Mi intervención fue dirigida a explicar mi punto de vista sobre la necesidad de aumentar medidas preventivas (especialmente educación afectivo-sexual en la enseñanza obligatoria), facilitar el acceso a los métodos anticonceptivos y centros de planificación familiar, extraer del código penal la IVE, aunar criterios en todas las comunidades autónomas para que no existan desigualdades en el acceso a la IVE entre las mujeres, etc. Os podeis imaginar mi línea de intervención.
No gano nada en criticar a mi compañera de mesa, pero sí he de expresar mi profundo malestar ante algunas de las atrocidades alli volcadas, desde el absolutismo y la no intención de ver una realidad que arrastra siglos, y que venimos sufriendo las mujeres. Argumentos sin fundamento científico, como la potencial promiscuidad que ensañan a las mujeres cuando sufren varios abortos, o que es muy difícil quedarse embarazada cuando se sufre una violación, ya que el cuerpo se tensa y se desajusta el ciclo menstrual, o que la naturaleza es sabia, y cuando un embrión posee malformaciones, el aborto es natural. Ejemplo de "cientificación" de cuestiones que la Iglesia viene abanderando tras observar el éxito conseguido bajo el velo del miedo, y del dedo acusador de dios. Y finalmente, un regalito de imagenes de abortos de fetos, evidentemente manipulados, pues esas prácticas de intervención no se practican ni en esta época, ni en este país. Cuando lo he comentado entre mi gente, más de uno/a me ha confesado que en su colegio (católico, por supuesto), le obligaron a verlo.
En el debate, por ambas partes, se tuvo la precaución de no introducir como eje central el penoso papel que la iglesia católica está jugando al respecto.
Una iglesia tan llena de polvo, que son incapaces de ver más alla de sus tripotas llenas, ambición y poder sobre las personas. Es el desajuste más bestial en nuestra sociedad, bajo la lluvia de la hipocresia y mantener la bandera firme de no "regalar" ni un derecho a las pecadoras portadoras de vaginas.
Sí he de afirmar que obtuve algunos regalos tras ese debate: expresar mi ideario feminista en un foro no convencional para ello , confirmarme más aun en mis ideas y convicciones; visualizar el error mantenido en siglos basado en la negación de la realidad, o dicho de otra forma, el cuento más elaborado de la historia (donde las serpientes hablan, Jonás vivió varios dias en el estómago de una ballena, y donde los peces se convierten en panes), que todo se traduce en esta sociedad multicultural y diversa, que si tienen algo en común, es que las mayores guerras y conflictos han sido abanderando a un dios.
Yo ante esta papeleta, no quiero dioses.