Conozco historias de mujeres terribles, crudas, reales, impredecibles, trágicas, brillantes, laberínticas, divertidas...Pero ahora he encontrado a una gran persona con una gran una historia, la mayor de todas, la más triste y a la vez, la más esperanzadora.
Cuando hablo con ella respiro de su fuerza, de su optimismo a pesar de las penurias, a pesar de los síntomas. Cuando la escucho, me siento vacía, todo mi ser se va junto a sus palabras, se va con su mirada. Una mirada dura, impenetrable, sin embargo, he sido capaz de encontrar un pequeño abismo de cambio.
Una historia que transforma mi forma de ver las cosas, y me doy cuenta de lo que es realmente importante en esta vida, cuando pienso en ella, se focaliza en la palabra VIVIR.
Porque nunca he estado más cerca de la verdad, y de la parte más oscura del ser humano.
La tengo siempre en mi mente, parece una expresión muy exagerada, pero no es como una canción pegadiza que se repite en la cabeza una y otra vez. La llevo conmigo, a ella y a su historia.
Y lo único que puedo hacer, es tenderle mi mano, e invitarle a que viva, a que lo supere, y a recordarle toda la fortaleza que posee y que a veces no encuentra; y le recuerdo que hay que ser tremendamente poderosa para llegar donde ha llegado, resultando ser la persona más valiente que nunca jamás he conocido. Y ella, con sus gestos, sus heridas, su mirada, me recuerda a mí misma, lo increible que es la condición humana.
Ayer disfrute mucho viendo Kill Bill II, una historia que me sugería constantemente, y salvando las diferencias, la fuerza y la capacidad de lucha de esta mujer, hacer todo lo que haga falta por por alcanzar un objetivo. Esta persona podría haber estado durante años, como la protagonista, encerrada viva en un ataúd, del cuál salió a través de su fuerza mental, concentración y deseo de escapar. En la escena final, Uma Thurman, se autodescribe como mala persona, por haber disfrutado de los asesinatos cometidos en el pasado (y del siguiente con 5 golpes estratégicos en el corazón de Bill); esta fuerte mujer, necesitó las palabras de Bill, su enemigo, el que intentó matarla, para comenzar a asumir que en el fondo es buena persona.
Los sentimientos de culpa por los actos de dudosa benevolencia del pasado deben ser interpretados por nuestra razón de ser. Evidentemente Bill Kill no es un claro ejemplo de ello, pero en esta ocasión, la parte más metafórica de la historia me recuerda a ella, a mi nueva amiga; y que tiene el mismo poder de superación y de transformación hacia la felicidad que Uma Thurman.



