
La necesidad de contarlo a toda costa, de compartir una profunda sensación. Es como estar en una casa de ensueño, con unas vistas dirigidas a un mar bravío y oscuro, con el sonido de las olas y las gaviotas huyendo de tormentas lejanas; y de pronto, en ese contexto de elegancia y tranquilidad aparece un camión de la basura, emanando un terrible olor a sustancia orgánica de origen sospechoso. Corrupción de la paz y armonía interior. Sensación de inquietud y esperanza de que todo, o casi todo, tiene un final escrito en alguna parte que desconozco.
Esa sensación aparece irrumpiendo el calor de la vida, bajo la costumbre de la rutina y con una música que resulta familiar, pero no localizamos en ninguna parte de nuestra traicionera memoria, que trabaja a veces desde su oscura guarida.
La única solución viable es compartirlo, y extender la preocupación por todos los poros de la piel, de esa piel deseosa de abrigo y del tacto cariñoso al estilo maternal, para que la obtención de atajos felices venga como si nada
El destino está ahí, esperando a ser escuchado
Esa sensación aparece irrumpiendo el calor de la vida, bajo la costumbre de la rutina y con una música que resulta familiar, pero no localizamos en ninguna parte de nuestra traicionera memoria, que trabaja a veces desde su oscura guarida.
La única solución viable es compartirlo, y extender la preocupación por todos los poros de la piel, de esa piel deseosa de abrigo y del tacto cariñoso al estilo maternal, para que la obtención de atajos felices venga como si nada
El destino está ahí, esperando a ser escuchado


