Una cena en familia en Nochevieja. Todos los años lo mismo. El mantel rojo, la vajilla buena, el árbol de navidad, adornos en las ventanas y la familia con las mejores galas. Menos yo, que hoy no tenía ganas de dedicar tiempo en arreglarme. Para mí las noches de reunión familiar son de lo más desesperanzador. En noches como ésta intento aparentar normalidad y tranquilidad, aunque en mi interior rondan las ideas más extrañas. Ya hace tiempo que no tengo contacto con mis amigos, hace unos años que me siento demasiado bien en la soledad de mi piso, un piso que cada vez se me hace más grande, más espacioso, a pesar de sus 35 metros cuadrados; lo único asequible para el bolsillo de un vendedor de móviles. Por cierto, este año nuevo me deshago de él. Ya nadie me llama, con lo cual, la única utilidad que le encuentro es mirar la hora, y para recordarme que algún día tuve éxito, de forma paralela, también me recuerda que lo perdí.
Llegan mis padres acompañados por mis tres tías de la cocina, con muchísima comida. Canapés, pollo confitado, paté de foie, peras al vino tinto, lubina a la sal… Bromas, risas y discusiones. Todo normal. Menos el interior de mi mente.
Mientras mi tío me comenta no-se-qué de la bujía de su coche, comienzo a notar una extraña presencia a mi lado. Giro rápidamente la cara y noto un frío muy peculiar. Ese frío me ha acompañado algunas noches en casa; siempre pensé que entraba el viento por alguna rendija sin sellar. Pero la pereza y mis dificultades para mantenerme despierto durante las horas nocturnas, me han impedido levantarme del sofá o la cama a revisar y comprobar por dónde se cuela ese frío tan cortante, tan penetrante.
A pesar de la extrañeza de la temperatura y de ser consciente de que la presencia está ahí, sigo representando normalidad; como, bebo y fumo sin ganas. Creo que soy el único hombre de la tierra que fumo sin querer, solo por sentirme útil, que hago algo, que soy humano, y que poseo hábitos nocivos excesivamente normalizados. A mi no me hace daño. Sé que desde hace tiempo mi cuerpo está ajeno a cualquier enfermedad o afección. Tuve un accidente, donde mi novia murió, y donde resulté ileso ante el asombro de la doctora que me atendió. Infinidad de pruebas, algunas noches en observación y me enviaron para casa, sin ningún tipo de rasguño, a pesar de las dos vueltas de campana y 200 metros donde mi coche arrolló el quitamiedos de un puente en una carretera secundaria en la madrugada de una nochevieja como hoy.
Me levanto excusándome -Voy al baño, voy a echar la última meada del año- e intento sonreír ante mi familia, los cuales cuanto más los miro, más extraños y desconocidos me parecen. No se ríen, creo que no les gusto, me miran un instante, y siguen con la cena.
Ya en la intimidad del baño, cierro el pestillo y me echo agua a la cara y al cuello. De repente, vuelvo a notar la presencia y esta vez sí que me asusto.
- Por favor, déjame en paz. No sé qué demonios eres, déjame en paz, joder.
Cierro los ojos y noto como alguien respira a mi espalda, no noto nada en especial, sólo es una sensación diferente. Hasta que comienzo a oír un sonido real de respiración. Una respiración entrecortada, nerviosa, acompañada de pequeños quejidos.
- Vamos Ángel!! Que te pierdes las uvas!!!
Salí corriendo del cuarto de baño con el corazón acelerado. Me pierdo al intentar llegar al salón, y me dirijo a la cocina. Los pasillos se me convierten en laberintos, y hay una especie de niebla en la casa. Me siento más extraño que nunca. Ardo en deseos de descargar toda la energía que siento en mí. Esa respiración me ha puesto muy nervioso y necesito hacer algo para tranquilizarme
- …diez…once…y…doce….FELIZ 2018!!!
Volviendo por fin al comedor: - ¿Cómo?-pregunto nervioso y me tiemblan las piernas- ¿2018?
- ¿Qué te ocurre, Ángel, estás pálido? ¿Por qué nos preguntas eso?.
- ¡¡Pues claro que estamos en el 2018!!…¿estás de broma?
- Yo.. yo pensaba…joder, no entiendo nada. 2018-dije con asombro
- ¿Pero qué dices? ¿Qué te pasa?
- Os estáis quedando conmigo…
- ¿Qué has bebido, joder?
- Estas asustando a los niños, Ángel. Siéntate, ya te has perdido las uvas, al menos vamos a brindar con champán como una familia normal.
Vuelvo a notar la presencia y esta vez me susurra a mi oído derecho algo: “Enséñales el periódico que compraste esta mañana”
- Ehhhh, esperad, ya está bien con la bromita. Mirad!! El periódico de esta mañana. Fijaos: aquí pone 31 de Diciembre de 2008. Estamos en la Nochevieja del 2008 y mañana es el 1 de enero del 2009.
Toda mi familia me mira con cara de estupor. Mi sobrino pregunta insistentemente a su madre qué me pasa. Mi abuela se echa a llorar, mi madre se intenta distraer de la extraña situación extendiendo el mantel y mi padre se enciende un cigarro.
De nuevo, la presencia comienza a acercarse a mi oído. Me fijo en mi mano izquierda, nunca me había temblado así. Y en la derecha, dentro del bolsillo del pantalón, un cuchillo de cocina. Esta vez sí que noto pequeños soplos de aire que rebotan en mi tímpano tras cada palabra: ACABA CON ELLOS
Ahora todo tiene sentido.