
Hacía tiempo que no escribía sobre aspectos relacionados con la sexualidad femenina, y a partir de una estupenda cena (con sus correspondientes y agradables efectos colaterales), me vino el ánimo para escribir sobre algo que normalmente no se menciona en estos foros: la menstruación.
A lo largo de la vida de este mundo, la menstruación ha sido víctima de ataques, crítica, burlas y todo tipo de diabluras, atribuyendo a las personas que la poseen, las mujeres, una especie de maldición. A pesar de la generosa arrogancia hacia las mujeres que menstruamos a lo largo de la historia, el patriarcado y el machismo llega más allá, insultando y menospreciando a nivel de capacidades vitales básicas a las mujeres que viven sin esta función biológica, temporal y reproductiva.
Incluso en textos bíblicos, documento sexista donde los haya, se potencia la marginación de las mujeres menstruantes como si de un demonio interior se tratara, influyendo de una forma tremenda en una serie de mitos y ocurrencias acientíficas que aún nos rodea hoy en día. Todavía seguimos escuchando de abuelas, madres, amigas, tías, etc.: si estás con el periodo no te laves la cabeza, no hagas mayonesa que se corta, no toques las plantas que se pudren, no vayas a una matanza campera…un sinfín de absurdas prescripciones que sólo hacen recordarnos los inconvenientes y la “mala suerte” que hemos tenido por nacer mujeres y cargar con ese peso. Tan influyentes son estos mitos, que incluso en un taller que impartí hace unos años, una chica adolescente me afirmaba, con gran convicción, que si intentabas descargar una película por el Emule, si estabas con la regla, no se bajaba en su totalidad. Los mitos de la menstruación adaptados a las Nuevas Tecnologías. Me quedé perpleja.
El trabajo en la Educación Afectivo – Sexual en materia de promoción de una buena salud sexual, parte por la desmitificación de este proceso natural, que no se trata de sangre de desecho, ni una maldición.
Y pasando a la higiene femenina, y relacionándolo con el inicio de este post, tuve la enorme satisfacción de compartir conocimientos y opiniones con otras mujeres, muy empoderadas y con gran sentido del humor, con respecto al excesivo precio de las compresas y tampones existentes en el mercado. Aún no se considera un producto de higiene básica (de gran lujo, que encima nos aumentan el gravamen), y las empresas fabricantes de este tipo de productos, desde luego dieron con el centro de la diana. Productos que absorben más de lo que deben, que impiden la transpiración natural de los genitales femeninos, que molestan, que contienen productos químicos nada saludables, y que adornan con preciosos envoltorios de colores y con anuncios de chicas que se saben mover bien, especialmente con las caderas (¿Hacia quién van dirigidos esos anuncios?)
Pensad en que estos anuncios tan rentables, y la poca diversidad de marcas es un gran éxito empresarial. Existen estudios que afirman que las mujeres gastamos algo menos de 20.000 compresas a lo largo de nuestra vida, sin contar con los tampones y protegeslips. Un gran negocio.
Sin embargo, y ahora estamos en la época de la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente, a través del uso de compresas, mantenemos el daño a nuestro planeta. En el proceso de fabricación de las compresas se utilizan numerosos productos químicos nocivos para el medio humano y ambiental, e incluso añaden pesticidas a los cultivo de algodón.
Una buena alternativa, ecológica y muy barata, es la adquisición de la copa menstrual (existen numerosas marcas en el mercado), y su precio ronda entre los 25 y 35 euros. Dura varios años, es hipoalergénica y al no absorber, es bastante más respetuosa que una compresa con nuestra flora vaginal. No produce alergias y no se nota, bien colocada. Además, su uso favorece el conocimiento de nuestro cuerpo.
Como anécdota final, en el contexto que anteriormente me refería, era tal la naturalidad de la conversación, que a una de mis acompañantes le regalaron una copa menstrual por su cumpleaños, y estaba tan encantada que dijo: “¡Estoy deseando que me baje la regla para probarla!”
A lo largo de la vida de este mundo, la menstruación ha sido víctima de ataques, crítica, burlas y todo tipo de diabluras, atribuyendo a las personas que la poseen, las mujeres, una especie de maldición. A pesar de la generosa arrogancia hacia las mujeres que menstruamos a lo largo de la historia, el patriarcado y el machismo llega más allá, insultando y menospreciando a nivel de capacidades vitales básicas a las mujeres que viven sin esta función biológica, temporal y reproductiva.
Incluso en textos bíblicos, documento sexista donde los haya, se potencia la marginación de las mujeres menstruantes como si de un demonio interior se tratara, influyendo de una forma tremenda en una serie de mitos y ocurrencias acientíficas que aún nos rodea hoy en día. Todavía seguimos escuchando de abuelas, madres, amigas, tías, etc.: si estás con el periodo no te laves la cabeza, no hagas mayonesa que se corta, no toques las plantas que se pudren, no vayas a una matanza campera…un sinfín de absurdas prescripciones que sólo hacen recordarnos los inconvenientes y la “mala suerte” que hemos tenido por nacer mujeres y cargar con ese peso. Tan influyentes son estos mitos, que incluso en un taller que impartí hace unos años, una chica adolescente me afirmaba, con gran convicción, que si intentabas descargar una película por el Emule, si estabas con la regla, no se bajaba en su totalidad. Los mitos de la menstruación adaptados a las Nuevas Tecnologías. Me quedé perpleja.
El trabajo en la Educación Afectivo – Sexual en materia de promoción de una buena salud sexual, parte por la desmitificación de este proceso natural, que no se trata de sangre de desecho, ni una maldición.
Y pasando a la higiene femenina, y relacionándolo con el inicio de este post, tuve la enorme satisfacción de compartir conocimientos y opiniones con otras mujeres, muy empoderadas y con gran sentido del humor, con respecto al excesivo precio de las compresas y tampones existentes en el mercado. Aún no se considera un producto de higiene básica (de gran lujo, que encima nos aumentan el gravamen), y las empresas fabricantes de este tipo de productos, desde luego dieron con el centro de la diana. Productos que absorben más de lo que deben, que impiden la transpiración natural de los genitales femeninos, que molestan, que contienen productos químicos nada saludables, y que adornan con preciosos envoltorios de colores y con anuncios de chicas que se saben mover bien, especialmente con las caderas (¿Hacia quién van dirigidos esos anuncios?)
Pensad en que estos anuncios tan rentables, y la poca diversidad de marcas es un gran éxito empresarial. Existen estudios que afirman que las mujeres gastamos algo menos de 20.000 compresas a lo largo de nuestra vida, sin contar con los tampones y protegeslips. Un gran negocio.
Sin embargo, y ahora estamos en la época de la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente, a través del uso de compresas, mantenemos el daño a nuestro planeta. En el proceso de fabricación de las compresas se utilizan numerosos productos químicos nocivos para el medio humano y ambiental, e incluso añaden pesticidas a los cultivo de algodón.
Una buena alternativa, ecológica y muy barata, es la adquisición de la copa menstrual (existen numerosas marcas en el mercado), y su precio ronda entre los 25 y 35 euros. Dura varios años, es hipoalergénica y al no absorber, es bastante más respetuosa que una compresa con nuestra flora vaginal. No produce alergias y no se nota, bien colocada. Además, su uso favorece el conocimiento de nuestro cuerpo.
Como anécdota final, en el contexto que anteriormente me refería, era tal la naturalidad de la conversación, que a una de mis acompañantes le regalaron una copa menstrual por su cumpleaños, y estaba tan encantada que dijo: “¡Estoy deseando que me baje la regla para probarla!”
3 comentarios:
totalmente de acuerdo. Buen articulo
Inoteresante atículo, pero no tengo ni idea de que es na copa menstrual.
¿ Por qué no escribes estos articulos en prensa ?. No tienen nada que ver con las antiguedades que sacan otros periódicos. Son actuales e informativos. Felicidades
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