Un viaje de los que se convierten en el momento perfecto y espacio adecuado para leer un libro, aunque un poco largo y mal comunicado: tren regional de Cádiz a Granada.
Tenia muchas ganas de volver a Granada, volver a perderme por sus calles (y sus bares de tapas), a pesar del calor propio del mes de agosto, el cual se soportaba bien debido a la bajada de temperatura de la noche, haciendo que esta sensación de frescura se volviera una autentica delicia.
Cuestas con embrujo, miradores repentinos, casonas objeto de fotografías, el agua como decoro y comodín en el paisaje granadino, noches de buena conversación, anécdotas y risas, acompañadas de la hospitalidad de su gente, cervezas estratégicas que apagaban el calor y sequedad de boca, tapas que mi estomómago no podía resistir (viva el bocadillo "Niza" del Chopp!!!) y una Alhambra iluminada por las estrellas. Estoy deseando volver.
Y sobre todo, la mejor compañía que podría tener una servidora.